Presentación del Diccionario de Ciencia Politica.

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miércoles, 4 de junio de 2014

INTRODUCCION II LA SOCIOLOGIA. Del Tratado de Sociologia General

INTRODUCCION


      II

17. El hecho social.


Vimos en el capítulo anterior que el ser humano es, por su origen y su naturaleza, un ente social que necesita de la convivencia con algunos de sus semejantes. De ahí que su existencia se desarrolle normalmente -y siempre en sus primeros años- dentro de un conjunto social entre cuyos integrantes se establecen relaciones variables. Cuando el marco de la vida colectiva supera los límites del grupo familiar, surgen relaciones entre conjuntos sociales y también entre individuos y conjuntos sociales. Son estas relaciones entre entes sociales, sean individuales o colectivos, las que llamamos hechos sociales, independientemente de su naturaleza, sus circunstancias y su intensidad.
El hecho social es, por lo tanto, un fenómeno colectivo, aun cuando tenga su origen en una actitud individual o acarree modificaciones físicas o mentales en individuos que, participen o no en él, sufren sus consecuencias. Se podrá definir sus eventuales causas y efectos psíquicos pero primero hay que aprehenderlo en su realidad objetiva. Desde este último punto de vista el hecho social no difiere de los demás hechos científicos en que se basan la biología, la física o la química.


Tal carácter objetivo implica una aceptación y comprensión global anterior a todo análisis eventual. Hay, en efecto, hechos sociales simples: una conversación o una pareja, por ejemplo. Pero la mayor parte de ellos son complejos en su composición y/o en su evolución. Tal es el caso, verbigracia, de una familía, en la cual están combinadas orgánicamente las relaciones existentes entre marido y mujer, por un lado, y entre padre e 'hijos, por otro, las que van modificándose con el tiempo en función del número y edad de los integrantes del grupo.
Los ejemplos que acabamos de dar se refieren a hechos sociales concretos, vale decir directamente observables. Existe otra categoría, de segundo grado, que abarca los hechos sociales genéricos o conceptuales, o sea los que resultan de un proceso de abstracción. Así es como una conversación, un casamiento y una ceremonia religiosa son hechos sociales concretos, mientras que el lenguaje, el matrimonio y la religión -fenómenos no menos reales- son hechos sociales genéricos. Quedan por mencionar los productos sociales que, a veces, son también hechos sociales y que constituyen la consecuencia de una actividad colectiva. Un niño, una catedral y un idioma son productos-hechos socíales, un artículo manufacturado, un producto social sin más.
Inútil es agregar que todo hecho social procede de un encadenamiento causal, simple o complejo en cuanto a sus términos pero siempre de naturaleza social. La decisión más individual no quiebra esta norma, pues procede de un ente social que, en contacto con sus semejantes, actúa en función de tal, aun a pesar suyo. Lo que llamamos azar no pasa de un mero encuentro, fortuito sólo en apariencia, de dos procesos causales y. el hecho que determina no carece por cierto de causa necesaria. Todo esto significa que el hecho social concreto es de naturaleza histórica, pues tiene causas y eventualmente efectos y se ubica dentro de un proceso temporal. Salvo en los casos excepcionales que mencionaremos en el inciso 20, no depende en absoluto de la voluntad del observador, a diferencia de los hechos científicos, de otra naturaleza, nacidos de la experimentación. Si dicho observador interviene en el o hace como actor en su carácter de ente social factor extraño y exterior al fenómeno estudiado.
Ley social.
Si cada hecho social fuera único en su género, sin nada en común con ningún otro, el estudio de la vida en sociedad podría pasar de una mera enumeración descriptiva de fenómenos sueltos. Pero no es así, y ya lo hemos visto al referirnos a los hechos sociales genéricos. Todo grupo familiar evidentemente único por sus integrantes individuales: pero sus miembros adultos siempre se dividen entre ambos sexos, por lo menos en el momento de la procreación. Todas las familias, por lo tanto, tiene en común la relación entre varón y mujer. La desintegración de una determinada comunidad por deficiencias jerárquicas constituye un fenómeno histórico nunca producido anteriormente y que no se reproducirá jamás: pero en cualquier comunidad cierto grado de debilitamiento de la autoridad. unificadora siempre produce la desintegración.
Existen, por consiguiente, en los hechos sociales de una misma categoría, constantes que el análisis permite comprobar y definir. Unas se refieren a la constitución de los entes sociales colectivos; las otras, al encadenamiento causal de los fenómenos históricos. Tales constantes son, por supuesto, totalmente independientes de la voluntad y hasta de la conciencia humanas. No hace falta quererlas ni siquiera conocerlas para que se impongan de modo necesario. Si las relaciones A y B Son imprescindibles para que aparezca determinado hecho social, o bien comprobaremos su existencía - o la suscitaremos -, o bien el hecho no será. Si hay una constante causal entre los fenómenos C y D, tal vez podamos impedir que e se produzca; pero, si se produce, D resulta inevitable.
Las constantes que vinculan los entes sociales son, por consiguiente, idénticas a las que comprueban las ciencias exactas o la biología. De ahí que sea posible llegar a conocerlas mediante un proceso de inducción, que consiste en analizar una cantidad suficiente de hechos sociales de misma naturaleza, descartar las particularidades de cada uno y establecer cuáles son las relaciones que se encuentran en todos ellos o que siempre los unen con sus respectivos causas o efectos. La ley social, o sea la relación constante entre hechos sociales, es, por lo tanto, un aspecto parcial del orden necesario de la vida colectiva.
Notemos desde ya, sobre la base de nuestros análisis anteriores, que las leyes sociales se dividen en dos grandes categorías: unas se refieren a relaciones estáticas, vale decir que permanecen sin cambio a través del tiempo, mientras que las otras rigen relaciones dinámicas, o sea el mismo cambio evolutivo. De las primeras depende la existencia de los entes sociales colectivos; de las segundas su nacimiento, transformación y desaparición. Va sin decir que la estática social, no existe independientemente de la dinámica social y que leyes de las dos categorías siempre se dan conjuntamente en la vida real de la sociedad. Es sólo por análisis que el observador las aísla las unas de las otras, mediante un proceso legítimo pero arbitrario de clasificación.
19. La sociología.
Considerada desde un punto de vista objetivo, la sociedad es, según acabamos de ver, un conjunto de hechos sociales, yuxtapuestos y encadenados conforme a constantes oue constituyen auténticas leyes científicas. De ahí la necesidad y legitimidad de una ciencia autónoma que estudie los hechos sociales en cuanto a, su naturaleza y su encadenamiento causal y establezca las leyes que determinan o condicionan su aparición. Tal ciencia existe: la sociología.
Todos sabemos que esta ciencia, hasta entonces empírica y fragmentaria, fue pensada como tal y racionalizada, al final de la Primera mitad del siglo XIX, por Augusto Comte, quien le dio su nombre después de llamarla, más correctamente desde el punto de vista filológico, física social. Y todos sabemos también que, en la mente de su creador, la sociología fue hija de la biología.
Nada más comprensible. Hacía tiempo que se notaban las analogías, existentes entre organismo social y organismo viviente. En ambos casos se trata de un conjunto complejo hecho de células funcionalmente diferenciadas y agrupadas en órganos especializados que ordena, unifica y rige un órgano central, Estado o cerebro. Y en ambos casos se trata de conjuntos naturales. En fin, el hecho social como el hecho biológico -pero en mucha mayor medida-, y a diferencia del hecho físico o químico, se caracteriza por su unicidad histórica. Nunca se repite idénticamente porque siempre aparece en mi organismo diferente de todos los demás por su composición y sus circunstancias. Llevando agua a la temperatura de 100 grados bajo una presión de 76 centímetros de mercurio siempre se produce la ebullición.
Pero si se introducen bacilos de Koch en varios organismos vivientes de un mismo grupo unos contraerán la tuberculosis en mayor o menor grado de intensidad mientras que los otros destruirán o neutralizaran los cuerpos extraños.
Asimismo, un des-equilibrio numérico entre los sexos suscitará la poligamia en una sociedad de determinadas características, mientras que solo acarreara cierto relajamiento sexual en otra de evolución histórica diferente. No es que la causalidad biológica y social sea menos rigida que la física, sino que su complejidad es muchísimo mayor y que cada una de sus leyes se aplica dentro de un conjunto del que no se la puede aislar.
La analogía que se nota entre organismo social y organismo viviente no nos debe llevar, sin embargo, a la confusión en que cayeron los sociólogos organicistas. Como ya vimos, en efecto, en el capítulo anterior, el organismo viviente es regido por una inteligencia encarnada que se impone de modo necesario a los órganos, células y moléculas que integran el conjunto considerado. En este aspecto.. la situación de los organismos sociales que forman algunas especies de insectos es bastante parecida, pues en ellas el instinto social se ha casi totalmente desindividualizado. No así en cuanto a los organismos sociales humanos, en los cuales la ley siempre actúa a través de mentes individuales que toman conciencia, en mayor o menor medida, de una situación y adoptan la decisión correspondiente en función de su capacidad de comprensión y de sus múltiples tendencias, entre las cuales siempre figura, pero no siempre predomina, el instinto social. Dicho con otras palabras, todo encadenamiento causal de hechos sociales supone, en cada uno de sus eslabones, una intermediación psíquica. La causalidad no pierde por ello vigencia, pero sí resulta mucho menos rígida y, por lo tanto, mucho más difícil de aprehender.
20. Morfología social y fisiología social.
Como el organismo viviente, el organismo social se presenta al observador en dos aspectos complementarios pero bien diferenciados: las formas, o estructuras, y las funciones. Nada más natural, pues, que se pueda dividir la sociología en dos ramas encadenadas: la morfología social y la fisiología social. Las denominaciones "sociología concreta" y "sociología abstracta" que se utilizan a veces nos parecen muy poco acertadas, puesto que" como lo vamos a ver, el estudio de las formas implica un proceso de inducción, o sea de abstracción, mientras que las funciones son, por cierto, tan concretas como las estructuras, de las que son inseparables.
La morfología social busca establecer cuáles son las constantes estructurales de la vida colectiva y, por consiguiente, cuál es la organización que suponen o producen los hechos sociales observados. Para hacerlo, deslinda e inmoviliza -como mediante un procedimiento fotográfico- los conjuntos sociales que quiere estudiar y analiza "anatómicamente" las relaciones constitutivas de cada uno. Por inducción desgaja entonces las estructuras que siempre se encuentran en conjuntos de la misma función. Lo que permite a la vez definir categorías formales y ubicar en ellas los complejos estructurales que se enfoquen. En este aspecto la morfología social desempeña dentro de la sociología un papel semejante al de la zoología o la botánica dentro de la biología. Al realizar esta tarea de inducción el sociólogo no puede dejar de comprobar la existencia de variaciones en las estructuras secundarias de los conjuntos considerados ni de notar las correlaciones que se manifiestan al respecto en función del nivel y el modo de vida. Asi llega a definir tipos de sociedad -salvaje o civilizado, nomade o sedentario, agropecuario o industrial, etc. –que marcan distintos estadios de evolución histórica.
Naturalmente, el estudio de las estructuras funcionales no tendría mucho sentido si no se complementara con el de las funciones en sí, vale decir, consideradas más allá de las formas fijas que exigen. Así es como la fisiología social busca establecer las leyes según las cuales los distintos conjuntos sociales se forman, evolucionan y, de modo general, desempeñan sus respectivos papeles. No considera conjuntos sociales Yuxtapuestos, por lo menos en cuanto a su enfoque, como lo hace la morfología social, sino hechos sociales encadenados mediante cuya sucesión se satisface una necesidad de la vida colectiva, sin excluir, por cierto, las interrelaciones existentes entre sedes funcionales de distinta naturaleza.
Dicho con otras palabras, la morfología social tiene por objeto el orden de los conjuntos humanos y la fisiología social, su devenir. Inútil es agregar que el orden social nunca es inmóvil y que el devenir social siempre es evolución de un conjunto ordenado. Morfología social y fisiología social no pasan" por lo tanto, de dos disciplinas complementarias que enfocan, desde puntos de vista diferentes pero irremisíblemente vinculados, una misma realidad indivisible.
21. La sociología aplicada.
Frente a los hechos que constituyen la materia de su estudio, el sociólogo puede limitarse a analizarlos y a inducir las leyes que los rigen. Permanece así: en este caso, en el campo de la sociología pura, que no tiene otra finalidad que la de establecer la verdad. Procede, pues, como cualquier científico “de laboratorio” que estudie la naturaleza en uno de sus aspectos, Con una mera preocupación especulativa.
Si bien es cierto que la ciencia pura tiene un sentido en sí misma por la satisfacción intelectual que procura a sus cultores, no le es menos que sus comprobaciones siempre abren el camino a realizaciones prácticas. Las leyes inducidas por el teórico explican determinado estado de cosas; pero también permiten actuar de tal modo que se consiga o evite su repetición, por lo menos en cierta medida. De ahí que toda ciencia pura se complemente con una o varias ciencias aplicadas. La sociología no escapa de esta norma.
El hombre tiene, en efecto, a diferencia de los insectos sociales, como ya lo hemos visto, la posibilidad de incidir en las estructuras y la evolución de la sociedad de que forma parte.
Pero tal posibilidad quedaría sólo en lo virtual, o desembocaría en las peores equivocaciones, si se realizara sobre la base de los intereses, las intuiciones o las ideas preconcebidas o absorbidas de los individuos. Para que la transformación del orden y la dinámica sociales sea efectivamente posible y para que dé resultados positivos, es imprescindible que se funde en la adecuación activa de las leyes que haya establecido la sociología pura a las circunstancias imperantes, que no todas son de naturaleza sociológica.
No se trata solamente, pues, de analizar y comparar relaciones debidamente comprobadas, sino también de medir el grado de oportunidad de los cambios teóricamente deseables. Esta es la tarea de la sociología aplicada.
Al hablar de cambios deseables estamos planteando el problema de la escala de valores sin la cual no habría elección posible entre estructuras ni entre procesos. La sociología, que es una ciencia natural, no tiene por qué subordinarse en este campo a ninguna otra disciplina, por válida que ésta sea desde otro punto de vista. Posee en efecto, un criterio propio: el de la "salud" funcional del conjunto considerado. Existen "enfermedades” sociales que perjudican la vida colectiva. Algunas proceden de estructuras deficientes: otras, de una mala adaptación a circunstancias cambiantes. Corresponde a la sociología aplicada definir, por comparación con las leyes sociales conocidas, la naturaleza Y las características del estado patológico e indicar cuáles son los remedios más eficaces dentro del campo de lo posible.
22. Experimentación Y observación.
Para ser ciencia toda disciplina necesita tener un objetivo propio -y hemos visto que la sociología lo tiene- y una metodología adecuada. En cuanto a este último punto, el estudio de los hechos sociales se encuentra, con respecto a la mayor parte de las ciencias clásicas, en una situación de inferioridad. No en cuanto a su desarrollo, pues en este as-pecto recurre, como ellas, a la inducción, la deducción y la previsión, sino en lo que atañe al análisis de los hechos en sí. La experimentación, en efecto. le está casi totalmente ve-dada. El físico, el químico y el biólogo -pero no el cosmólogo a cuya disciplina nadie piensa en negar el carácter de una. ciencia- pueden reproducir artificialmente cualquier tipo de fenómeno. tantas veces cuanto necesiten para disponer de una serie que permita aplicar el método inductivo. El sociólogo está limitado, en este campo, por trabas de distinta índole.
El hombre no es tan fácil de manejar como las cosas o los demás seres vivientes. La moral y la ley prohíben hacer correr ciertos peligros a individuos y conjuntos de índividuos. Todo experimento en el orden social exige medios materiales considerables. Y, sobre todo, el científico y los sujetos de su experiencia se ubican en la misma escala temporal, sin que exista la posibilidad -que tiene la biología humana- de utilizar otros animales de vida más breve. Sólo queda el sociólogo, por consiguiente, el recurso de la observación.
Parece a primera vista oue también en este campo la sociología tropieza con dificultades insuperables. No puede observar, en efecto, sino hechos actuales Y carecería por lo tanto de datos comparativos. que sólo encontraría en un na-ado que está fuera de su alcance. Esto sería cierto si todos los conjuntos humanos hubieran nacido al mismo tiempo " se hubiesen desarrollado con el mismo ritmo. En realidad encontramos hoy en día pueblos de tipos sociales muy diversos que se pueden observar paralelamente. con casi el mismo resultado que si nos fuera posible remontarnos en el tiempo para estudiar en forma directa los distintos estadios evolutivos de determinada sociedad contemporánea. Algunas horas de avión bastan en el Brasil, por ejemplo, para saltar de la ciudad de San Pablo, centro industrial de estructuras casi europeas, a una estancia esclavista de tipo prefeudal y a una aldea india de nivel neolítico.
Lo que sí es exacto es que tal yuxtaposición histórica no permite al observador abarcar el proceso evolutivo en su encadenamiento causal y lo limita al respecto a meras hipótesis, racionalmente satisfactorias pero no probadas. Desde este punto de vista la sociología se encuentra en la misma situación que la geología, la paleontología o la cosmología, aunque dispone, como veremos más adelante (Inciso 25), del producto de observaciones anteriores, lo que le da una gran ventaja sobre las ciencias que acabarnos de mencionar.
23. Socíografía y sociometría.
Los métodos básicos de la observación sociológica son de sistematización reciente, aunque fueron utilizados empíricamente desde hace milenios. Sólo en la segunda mitad del siglo XIX la sociología descriptiva, o sociografía, adquirió caracteres científicos, mientras que hubo que esperar el principio del siglo XX para que se racionalizara, a través de la sociometría, la cuantificación de los hechos sociales.
La observación socio gráfica consiste en el examen directo de un conjunto humano desde el doble punto de vista de su composición y de sus relaciones internas Y externas. Se re-aliza desde afuera cuando el sociólogo se limita a describir lo que ve, al modo del entomólogo que estudia un hormiguero, o desde adentro, cuando el observador se incorpora al medio social que busca analizar. El primer método asegura más que el otro la imparcialidad del examen, pero con el peligro de que la descripción sea superficial. El segundo permite establecer más datos y analizarlos de modo más profundo, pero crea vínculos de simpatía o antipatía entre el sociólogo y los sujetos de su estudio, con la consiguiente deformación involuntaria de los hechos comprobados. En ambos casos se puede completar la observación directa con entrevistas en profundidad - O sea conversaciones Dirigidas – entre individuos representativos de los distintos niveles y actividades del conjunto social.
Con todas las deficiencias del método descriptivo y, en especial, el casi inevitable subjetivismo de la observación, la sociografía constituye el procedimiento más adecuado para análisis ambientales, sobre todo si se la combina con la investigación motivacional, que pertenece al campo de la Sociopsicología (ver Inciso 29). Pero no nos da conocimientos exactos de los hechos sociales: sólo estimaciones. De ahí que la sociometría, que busca contar y medir las relaciones observadas, se haya convertido en su complemento imprescindible y, más aún, en su fundamento. Resulta más fácil, en efecto, y más lógico definir los matices cualitativos de hechos sociales previamente cuantificados, cuyos respectivos "pesos específicos" por lo tanto ya se conocen.
Por supuesto, damos aquí a la palabra sociometría su sentido etimológico y real, a pesar del creador del vocablo -pero no de la técnica, muy anterior-, que quería, sin razón alguna, limitar la aplicación del método a los pequeños conjuntos sociales.
24. El muestreo.
Desde los años treinta la sociometría ha ampliado considerablemente su campo de acción al incorporar en su metodología una técnica nueva, el muestreo, que permite precisamente analizar desde el punto de vista cuantitativo, con un mínimo de medios materiales y en un tiempo muy reducido, grandes conjuntos humanos.
El método consiste en estudiar "no todas las unidades que integran el universo considerado sino solamente las que componen una muestra representativa del conjunto, La muestra es idéntica al universo en cuanto a su composición, pero cuantitativamente mucho más pequeña. Con perdón de la comparación, es semejante a la cabeza ahumada del indio jívaro, la que, achicada al tamaño de una naranja, conserva intactas sus proporciones fisionómicas primitivas. Los Índices porcentuales y promedios numéricos que se obtienen por muestreo Son aplicables al conjunto, con reducidos márgenes de error que se calculan en cada caso y que dependen del tamaño de la muestra.
Las unidades estudiadas se eligen al azar, conforme a las normas del cálculo de probabilidades y, más especialmente, de la ley de grandes números. El principio en que se basa tal procedimiento es el mismo que asegura a los casinos determinado porcentaje de ganancias, sin riesgo de quiebra.
La matemática del juego demuestra, en efecto, que después de una larga serie de jugadas todos los números de la ruleta han salido la misma cantidad de veces, Teniendo cada uno de ellos: en cada jugada, la misma probabilidad de salir que cualquier otro, las distorsiones accidentales se compensan a la larga. En la investigación por muestreo, se procede por sorteo de varios grados. Por ejemplo, si el universo considerado es la población de una ciudad se divide el mapa en áreas iguales, que se numeran, y se sortea cierta cantidad de ellas. Posteriormente se sortean, mediante el mismo procedimiento, una subárea o manzana en cada área y después una o más viviendas en cada subárea. Por la elección de primer grado la ciudad se reduce, digamos, a cien áreas; por el sorteo de segundo grado, a cien manzanas; por el de tercer grado a quinientas o mil viviendas, en cada una de las cuales se cuentan los moradores, si se trata de un censo, o se interroga a uno de ellos, si el estudio tiene por objeto usos u opiniones de la población. Sólo en caso de tener estadísticas completas y fidedignas se puede sustituir este muestreo probabilístico, basado íntegramente en el azar, por un muestreo por cuotas, en el cual la muestra se diseña artificialmente en función de las proporciones conocidas, por ejemplo en cuanto a sexo, edad y estratificación social si el estudio abarca un conjunto de individuos.
El estudio de cada unidad integrante de la muestra se hace medíante un cuestionario que el encuestador llena sobre la base de su observación, si se trata de hechos concretos -estado de la vivienda o naturaleza de cultivos, por ejemplo-, o mediante la formulación de preguntas debidamente redactadas por un psicólogo con el objeto de conseguir respuestas exactas, cuando se busca establecer usos, costumbres u opi¬niones de la población o de una de sus partes. Los cuestionarios se tabulan posteriormente, con lo que se obtienen índices porcentuales o promedios numéricos referentes al universo todo y a cada uno de sus grupos de caracterización (grupos de sexo, de edad, de categoría econórnicosocial, por ejemplo). Se calculan entonces los márgenes de error y se trasladan los resultados conseguidos al universo y a sus grupos constitutivos.
El método del muestreo, si se lo aplica correctamente, constituye un eficacísimo método de investigación sociométrica. Pero se limita a suministrar datos objetivos, concretos o psíquicos, que compete al sociólogo ubicar en su contexto social e interpretar debidamente. La investigación por muestreo, como la sociometría toda y, de modo más general, la observación descriptiva, no proporciona sino material para el posterior proceso. de inducción, sin el cual no habría ciencia.
25. El análisis histórico.
Gracias a las técnicas del muestreo la observación sociológica está en condiciones de proporcionarnos datos ampliamente satisfactorios en cuanto a hechos actuales y hasta, como lo hemos visto (Inciso 22), permite efectuar comparaciones, útiles entre tipos de sociedades de distintos niveles evolutivos. Sin embargo, desde este último punto de vista, sería muy imprudente hacer extrapolaciones generalizadas enfocando, por ejemplo, la aldea neolítica, la estancia esclavista y la ciudad industrial del Brasil de hoy como si fueran estadios encadenados de un mismo proceso. Semejante método, sistemáticamente empleado por los sociólogos "primitívistas", es aún menos admisible cuando los tipos sociales que se trata de vincular pertenecen no solamente a distintos niveles yuxtapuestos sino además a pueblos diferenciados por la raza y por las condiciones geográficas. No hay ninguna razón válida que permita suponer que las estructuras y costumbres sociales de los australoides, - verbigracia, hayan existido tales cuales en el pasado de las sociedades arias.
La sociología necesita, pues, cuando enfoca procesos evolutivos de larga duración, analizar hechos sociales pasados que están fuera de toda posibilidad de observación. Para hacerlo no tiene más remedio que recurrir a la historia, lo que no significa aceptar lisa y llanamente los datos e interpretaciones que los historiadores suministran. La historia, en efecto, no es una ciencia exacta. Se basa en un material de archivo generalmente incompleto y en relatos, siempre parciales, de contemporáneos de los hechos estudiados. Por otra parte, el historiador no es un cerebro electrónico. Tiene opiniones políticas, convicciones religiosas, preferencias culturales, etc" que inciden inevitablemente, aun de modo subconsciente, en la elección del material y en la explicación de los fenómenos. Basta confrontar estudios de historiadores católicos y protestantes sobre la Europa de los siglos XVI y XVII, o de tradicionalistas, liberales y marxistas sobre la Edad Media, para comprobar hasta qué punto las ideas modifican la exposición de los hechos y, sobre todo, de su encadenamiento causal.
Notemos, además, que el historiador tiende a considerar preferentemente los hechos políticos, sin darse cuenta de que éstos a menudo están condicionados, y a veces determinados, por hechos sociales subyacentes. 
Felizmente el sociólogo no está a merced del historiador. 
Necesita de éste para hurgar en el pasado, descubrir material y definir hechos sociales concretos. Pero puede y debe descartar sistemáticamente toda teoría y hasta toda explicación. Dicho Con otras palabras, necesita del historiógrafo y no del filósofo de la historia. La comprensión e ilación de los hechos descriptos le corresponde en exclusividad pues sólo él, conocedor de las leyes sociales previamente establecidas, está en condiciones de descubrir relaciones causales y, sobre su base, inducir eventualmente nuevas leyes. Hasta podríamos ir más lejos en este sentido: el filósofo de la historia, si no es sociólogo, no pasa de un novelista más o menos ilustrado o de un ideólogo más o menos charlatán.
El análisis histórico constituye, por lo tanto, al complementar la sociografía y la sociometría, un método fundamental de la sociología, aunque el más peligroso. Sólo él permite trazar las grandes corrientes evolutivas que vienen del pasado y proyectar en el futuro -vale decir entender plenamente la evolución social.
26. Demografia Y bíosociología.
La observación de los hechos sociales proporcionaría datos sumamente incompletos, y a menudo incomprensibles, si se limitase a considerar las relaciones existentes en y entre conjuntos humanos que permanecieran indefinidos en cuanto a su "materia prima" individual. De ahí el carácter fundamental de dos ramas especializadas de la sociología: la demografía, que estudia la población desde el punto de vista numérico, y la biosociologia -o, como se decía a principios de siglo, la antroposociología-, que la enfoca en su aspecto cualitativo.
Es obvio que dos conjuntos sociales colocados en condiciones materiales y culturales idénticas no evolucionarán del mismo modo si uno padece un exceso de población y el otro, una deficiencia demográfica. y tampoco si tienen índices de natalidad y mortalidad diferentes o una distribución distinta de sus integrantes en cuanto a sexo y edad. Corresponde a la demografía establecer y suministrar los datos estadísticos referentes a estos aspectos cuantitativos. En los países bien administrados su tarea se reduce a la elaboración del material que proporcionan los Registros Civiles y que vienen a complementar censos periódicos. En los demás sólo se puede recurrir a relevamientos por muestreo, con el grave inconveniente, ya que dicha técnica es de aplicación muy reciente, de carecerse de datos anteriores que permitan hacer comparaciones y trazar curvas de tendencia.
Por importante que sea el volumen y la composición cuantitativa de determinada población, mucho mayor incidencia tienen en su evolución sus características cualitativas. El. papel histórico de Atenas no se puede medir en función del número de sus habitantes, ni el de los conquistadores españoles por la cantidad de soldados de que disponían. Y el progreso de un pueblo se debe mucho más a su minoría creadora que a su mayoría pasiva. Sin embargo, la sociología contemporánea se resiste, salvo muy pocas excepciones, a considerar este aspecto del problema. Incide en esta actitud el materialismo imperante, la ideología igualitaria en boga desde hace doscientos años, las secuelas de la propaganda de guerra aliada y, últimamente, la presión ejercida, en escala internacional, por países que tienen buenas razones para temer un análisis comparativo en éste campo.
La biosociología tiene por objeto el estudio de la estratificación cualitativa de la población, tanto en sí como en sus relaciones con las estructuras funcionales. Define la composición de los distintos estratos y el origen de sus integrantes, o sea su proceso de formación. y no puede dejar a un lado, por supuesto, los factores de degeneración biopsíquica. Dicho con otras palabras, la biosociologia estudia al individuo en función social, vale decir no solamente en lo que es dentro del conjunto sino también en sus causas y proyecciones hereditarias. Pues los individuos pasan, pero los linajes permanecen a lo largo de las generaciones v. por lo tanto. de la evolución social. Sin esta rama especializada el sociólogo no podria trabajar sino con esquemas irreales, al modo -hipótesis absurda- de un zootécnico Que desconociera las características presentes y las virtualidades hereditarias de los animales domésticos de su cabaña o de su haras,
27. Sociología general y sociologías especiales.
Como lo hemos señalado más arriba (Inciso 25), la sociología puede abarcar conjuntos sociales de muy variada amplitud temporal. También puede enfocar un complejo social en todas sus actividades yuxtapuestas y entrelazadas o solamente una de éstas. En el primer caso, lo que busca la sociología llamada general es analizar las formas y los dinamismos de toda naturaleza que inciden conjuntamente en la vida social. En el segundo, las sociologías llamadas especiales estudian estructuras que corresponden a determinada situación o función. Inútil es precisar que ni la sociología general excluye los datos funcionales particulares que, por el contrario, abarca en sus interrelaciones, ni las sociologías especiales dejan de tener en cuenta el contexto social en medio del cual se desarrollan las actividades parciales que consideran preferentemente, sólo que, en ambos casos, se dan por sabidos - y se utilizan- hechos y leyes que no constituyen el objeto directo de la búsqueda emprendida.
Las sociologías especiales son tan variadas como las propias caracterizaciones sociales. Toda enumeración sería fastidiosa, además de inevitablemente incompleta. Citemos, sin embargo, por su importancia particular, la sociología urbana y la sociología rural, que analizan las relaciones sociales en función de la densidad demográfica y de las condiciones ecológicas; la sociología laboral y la sociología sindical, que estudian, cada una en su campo, los problemas humanos nacidos del proceso de producción; la sociología jurídica y lá sociología judicial, que consideran, respectivamente, la incidencia social del derecho y la administración de la justicia; la sociología religiosa y la sociología militar, todavía embrionarias; en fin, la sociología económica, que tiene hoy en día una importancia excepcional por haberse convertido las fuerzas económicas, desde hace dos siglos, en factores primordiales de la evolución histórica.
La sociología política merece una mención aparte por las divergencias de opinión que suscita el problema de su definición. No faltan sociólogos, en efecto, que la confunden con la ciencia política o, si se quiere, que tratan de absorber a esta última, negándole toda autonomía. Reconozcamos que el deslinde entre las dos disciplinas no es fácil de trazar.
No hay duda que el hecho político es un hecho social de características particulares y que es legítimo, por lo tanto, hablar de sociología política. Sin embargo, el hecho político es más que un hecho social en cuanto se lo considera como producto de una intención histórica aplicada a la conducción de la Comunidad. La sociología se limita a estudiar el hecho en sí, con sus causas y sus efectos: es una ciencia objetiva. como la biología. La política juzga este mismo hecho en función de un fin por alcanzar: es Una ciencia normativa, como la medicina. Dicho con otras palabras, sociología política y ciencia política consideran los mismos fenómenos, pero con enfoques y propósitos diferentes.
28. Sociología y psicología.
De otro orden pero no menos seria es la dificultad que surge en lo que atañe a las relaciones existentes entre la sociología y la psicología. En el ser humano, a diferencia de o que pasa con el insecto, ya lo hemos dicho (Inciso 19), lo social se da como aspecto de una integridad biopsíquica. Toda actitud individual, aun cuando se refiera a problemas de con¬vivencia y no haga sino expresar exigencias del instinto social, procede de una decisión voluntaria y resulta, por lo tanto, de una deliberación mental, por embrionaria que sea.
De ahí que la causa social de todo hecho social actúe con intermediación psíquica. La imagen mental de la causa es la que provoca el hecho y tal imagen es, indudablemente, un fenómeno psíquico que pertenece al campo de la psicología.Más aún: el individuo, como ser social, está presionado a veces condicionado por el medio en el cual se desenvuelve. 
No toma sus decisiones en función de su mero instinto sexual, ni siquiera bajo el impulso de su instinto social heredado. Creencias, usos, costumbres, instituciones, modas, etc., que son productos del ambiente, ingresan constantemente, en forma de imágenes, en su duración psíquica y actúan en ella como factores dinámicos. Sin hablar de los fenómenos psíquicos colectivos que, en ciertos casos, enajenan lisa y llanamente a quienes participan de ellos y en ellos.
Todo hecho psíquico individual, por consiguiente, es social en alguna medida. Sin embargo, la psicología distingue muy bien el fenómeno que, por empapado de social que esté, se manifiesta en talo cual mente del hecho psíquico que, a pesar de tener expresiones individuales, es común a un conjunto social y nace de interacciones colectivas. La psicología propiamente dicha estudia al individuo, inclusive con sus imágenes de origen social; la sociopsicología estudia la incidencia de los factores psíquicos en la vida de los conjuntos humanos y establece las constantes según las cuales las interacciones mentales determinan o condicionan la conducta social de los individuos agrupados. Psicológica por su objeto -la mente humana- y por su metodología, la, sociopsícología enfoca, por lo tanto, el hecho psíquico desde ,un punto de vista sociológico. Hasta el punto que algunos llegan a considerarla, equivocadamente, como una rama de la sociología. En realidad, no pasa de una de sus fuentes de datos, al mismo título que la .antropología o la biología.
Queda, de cualquier modo, que al enfocar un hecho social en sus causas y en sus efectos, o al considerar un encadenamiento de hechos sociales, el sociólogo se encuentra ante fenómenos psíquicos que no puede desconocer, ni abandonar al psicólogo, so pena de que se le escape la ilación del proceso estudiado. Y, efectivamente, no lo hace. Toma en cuenta la imagen intermedia. Pero no la ubica en su contexto indivi.dual sino en el lugar que corresponde al papel social que desempeña. El fenómeno psíquico se considera exclusivamente como parte integrante del hecho social o del complejo de hechos sociales. No interesa a la sociología saber por qué motivos psíquicos los individuos de determinados tipos reaccionan de tal o cual modo en determinadas circunstancias. Le basta comprobar que lo hacen siempre. Si la imagen constituye una etapa constante de un proceso o si es un vínculo constante entre los elementos constitutivos de un hecho social, no perjudica el rigor causal del fenómeno' ni traba su análisis sociológico.
29. Sociología y filosofía.
La sociología contemporánea tiende cada vez más a limitarse a la mera observación de los hechos, rebajándose a un conjunto de porcentajes e imágenes. Pierde así todo sentido. Pues no hay ciencia sin inducción de leyes y sin leyes no hay encadenamientos causales conocidos ni, por consiguiente, comprensión posible. Y sin comprensión no hay acción eficaz. O la sociología es ciencia, o constituye un mero esparcimiento para diletantes, cuando no un poderoso medio de embrutecimiento de las élites.
Una auténtica ciencia no basta, sin embargo, para extraer de los hechos sociales todo lo que nos pueden proporcionar. No es posible estudiar una comunidad humana corno si fuera un hormiguero. Y esto porque el hombre no es Un mero animal social sino, además, un animal político: no vive dentro de un conjunto organizado según normas individualmente impuestas por el instinto, ya lo hemos visto (Inciso 19), sino que debe, en cierta medida, tomar conciencia de las leyes necesarias para su propia afirmación e inclusive- para su misma supervivencia. No basta al ser humano inducir leyes sociales: también tiene que respetarlas y hacerlas respetar.
Más aún: la total ausencia de automatismo que se manifiesta en nuestros procesos sociales exige una elección constante entre las posibilidades que cada instante político nos ofrece. Y no hay elección posible sin previo juicio de valor. Aquí, la sociología es impotente. Se limita a mostrarnos que tal actitud que tornemos tendrá necesariamente tal consecuencia. No nos dice si dicha consecuencia, fuera de' su carácter de normalidad o anormalidad (ver Inciso 37), es deseable o no, y tampoco nos indica la escala de valores sobre cuya base podremos formular nuestro juicio y, por lo tanto, tomar nuestra decisión, Inútil es precisar que tal escala no puede válidamente surgir de la mera conciencia individual, puesto que se trata de valores sociales.
Sociología y política deben, por lo tanto, ser completadas por una filosofía que, aceptando corno base intangible las leyes naturales de la morfología y la dinámica sociales, las supere mediante la búsqueda de su causa primera y de sus fines últimos. Tal es la imperiosa razón de ser de la filosofia social. Tarea sumamente peligrosa la suya. Pues supone la colaboración de disciplinas tan diferentes como la sociología y la política, por un lado, y la ética, la metafísica y la teología, por otro, con el constante riesgo de una inadmisible confusión entre elementos que pertenecen a órdenes desiguales y proceden, en cuanto a su análisis, de procesos racionales distintos. No es de extrañar que la gran mayoría de las obras que se publican en la materia lleguen a conclusiones inaceptables por introducir en el encadenamiento causal de los hechos sociales factores acientíficos y a menudo tan arbitrarios como la lógica hegeliana, la entelequia Libertad o el punto Omega.
Del :Tratado de Sociología general.
Editorial Sudamericana 1966

2 comentarios:

  1. Gracias por compartir
    Favor informe si existe alguna pagina web donde pueda adquirir los vídeos del Profesor Jacques de Mahieu.

    Saludos cordiales desde Ecuador

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    1. Hola Editorial Valhalla tiene varios videos del Profesor

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